lunes, 3 de septiembre de 2012

México, calaberas y diablitos

Cancún

El viaje en bus desde Belice hasta Chetumal estuvo bastante bien a excepción de cuando pasamos por la frontera mexicana y la persona que acompañaba al conductor del colectivo nos informó que si nos demorábamos demasiado en migraciones ellos no podían esperarnos. Estábamos con una francesa que también viajaba en el mismo bus y pudimos hacer bastante rápido todos los papeles, asi que corrimos bajo una lluvia copiosa hacia donde estaría estacionado el colectivo. Ya casi llegábamos y vimos como el transporte se iba sin nosotros. Por suerte el dueño de otro bus nos dijo que nos podía llevar hasta la ciudad sin que pagáramos nada. Llegamos a una estación de servicio y justo estaban en ese mismo lugar el otro colectivo que nos había esperado. Bajamos los tres muy enojados y le gritamos de todo mientras ellos nos decían que si queríamos nos podían llevar hasta la terminal de buses de donde salían a Cancún. Aceptamos la oferta y después de caminar una 5 cuadras bajo la lluvia nuevamente llegamos a la terminal. 

Estábamos completamente empapados y después de comprar los pasajes nos dispusimos a ir en busca de algo para almorzar y un baño. En el camino nos encontramos con Leo, nuestro amigo alemán que vivía en Guadalajara, y nos alegramos mucho de verlo. Los 4 teníamos que esperar un rato largo hasta que salieran nuestros respectivos buses asi que aprovechamos para charlar un poco.

Cuando subimos al bus para Cancún casi nos morimos congelado por lo fuerte que estaba el aire acondicionado y bajé a buscar una manta para taparnos antes de que empezáramos el viaje. Como estábamos empapados y el aire estaba tan fuerte le dije al Tata que se tapara pero él insistió en que no tenía frio.

Fueron unas 7 horas de viaje y después de despedirnos de la francesa tomamos un taxi para llegar a una estación de servicio donde nos esperaría Paco, el Couchsurfer que nos hospedaría en su casa. Con las mochilas en el suelo vimos de lejos que Paco se acercaba y nos saludamos con un abrazo. Ya era un poco tarde y Paco trabajaba al día siguiente por lo que nos dijo como teníamos que hacer para llegar a la playa al otro día y nos fuimos a dormir.

Desayunamos y cerca del mediodía llegamos a la playa “El Mirador”. Sinceramente no estábamos demasiados ilusionados con la playa de Cancún, creíamos que no sería nada del otro mundo, pero cuando vimos el lugar no podíamos creer el casi plástico color celeste y turquesa del agua. Si bien ya habíamos visto muchas playas y colores de mar este era particular.  Pasamos el día en el lugar y por la noche mientras conversábamos con Paco llegó Zack, un chico de Guam que se quedaría con nosotros en la misma  casa. Zack ya se había quedado en lo de Paco pero estuvo por 3 semanas en Cuba para descansar de Toño. Resulta que andaba viajando en bicicleta desde EE. UU. y había formado tan tierna relación con su bici que le puso el nombre de Toño.  Enseguida hubo muy buena onda entre nosotros y pudimos compartir muchos momentos con Zack y hasta aprendió a hablar en argentino! Realmente es increíble poder hacer tan increíble viaje en bicicleta.


Como estaríamos unos 15 días en México decidimos hacer base en Cancún y recorrer el resto yendo y viniendo.

Isla Mujeres

Lo bueno de poder hospedarte en la casa de alguien del lugar es que podés conocer la realidad y costumbres del lugar y además ahorrar plata haciendo las cosas que realmente valen la pena y de la manera más económica. Cancún es muy turístico y si bien las playas son bellas y los edificios y hoteles que la rodean también, esa zona parece una burbuja que poco tiene que ver con la realidad del país y del distrito. En la zona hotelera todo parece perfecto y de ensueños pero tanto al Tata como a mi nos interesa vivir la realidad de los lugares con lo bueno y lo malo.

Paco nos aconsejó que lo mejor para ir a Isla Mujeres era tomarnos un taxi hasta Puerto Juarez y tomarnos un ferry. Esto sería más económico que salir desde donde salen la mayoría de los turistas de Cancún. Eso hicimos y al llegar a la isla nos fuimos hacia la punta norte que era más tranquila. El lugar era muy lindo y el mar era claro y tranquilo, justo para poder relajarnos. Nos sentamos en la sombra de una palmera y al ratito y casi con música de mariachis apareció una familia completa de mexicanos, hijos, tios, padre y abuelos a sentarse a nuestro lado. La paz se había terminado pero bueno, era lógico que sucediera ya que la playa no es nuestra. Mientras almorzábamos a una de las nenas se le ocurrió que era una muy buena idea atrapar pequeños peces en un vaso plástico y a su hermanito le pareció genial tirarle una roca a una de las iguanas que estaba cerca. El Tata cuando vio al nene lo retó y por suerte herró el tiro. Los padres no le dijeron nada asi que nos dimos cuenta que era mejor irnos a otro lado antes de terminar peleando con toda la familia. estas situaciones me ponen muy nerviosa porque odio el maltrato animal y creo que todos debemos respetarnos y darnos espacio así seas una pequeña mosca. Como llevábamos una cama de agua que nos había prestado Paco estuvimos toda la tarde acostados en el agua. Poder relajarnos y disfrutar del momento se ha vuelto algo básico para nosotros. Este viaje nos ha enseñado que lo más importante es sentirnos bien ahora, en el presente mismo.




Playa del Carmen

Ya estábamos un poco más acostumbrados a los recorridos de los colectivos, horarios y frecuencias y tomamos un bus para Playa del Carmen que estaba a unos 40 minutos de Cancún. El paraíso de los argentinos estaba en ese lugar!! Había mates por todos lados y pelotas de futbol.

Ya estábamos un poco cansados del sol y sobre todo porque en México pega fuertísimo asi que fuimos a alquilar una sombrilla. Como nos pareció bastante cara al Tata se le ocurrió comprar una y la podríamos usar no sólo ese día sino los restantes. Comimos un calzoni en un restaurante italiano y mientras yo lo esperaba, el Tata caminó como 30 cuadras para llegar al lugar donde vendían las sombrillas. Volvió caminando un poco cansado pero con una sonrisa de oreja a oreja y con nuestra sombrillita amarilla en la mano.

Empezamos a instalar nuestra nueva adquisición en la playa y parecía desarmarse poco a poco. Las punta del palo para clavar en la arena se salía, el sombreo no abría con el viento y el seguro para trabar la altura de la sombra estaba roto. Nos pusimos de mal humor y después de dejarla mas o menos estable nos metimos al mar. Al cabo de unos minutos ya nos estábamos riendo por tan mala compra aunque esa tarde la sombrillita se la aguantó bastante bien.


El mar de Playa del Carmen no nos  gustó mucho porque estaba bastante revuelto pero de todas maneras la pasamos muy bien en la playa jugando a nuestro juego preferido de adivinar lo que piensan hacen o viven las personas que nos rodean. Algunas veces miramos a una pareja y adivinamos lo que les gusta hacer juntos, si hace mucho que se conocen, si ella está con él por interés, o si algún chico quiere conquistar a una chica y que estrategia está usando. Aunque suena tonto nos divierte mucho.

Al atardecer caminamos por la calle Quinta, muy famosa en Playa del Carmen, y disfrutamos de las luces y restaurantes, uno más bello que el otro, aunque nosotros comimos en un puesto de tacos en la calle porque nuestro presupuesto no alcanzaba para tanto.






Tulum

Salimos desde Cancún en el mismo bus que nos había llevado hasta Playa de Carmen pero esta vez el viaje sería un poco más lejos. El sol estaba radiante cuando llegamos a las ruinas y caminamos bastante bajo el sol que nos hizo transpirar como nunca. Las ruinas son bellas y contrastan con un fondo de playa y mar azul que impacta. Imaginarse la vida de los Mayas en ese lugar creo que es interesante. Se me pasaba por la cabeza que habrán pensado ellos de esta hermosura turquesa que los rodeaba pero no podía saciar su sed de ninguna manera. Tal vez veían al mar como un dios ostentoso y traicionero. 
Aunque hacía mucho calor disfrutamos mucho de la caminata y después de la playa antes de partir hacia un cenote que quedaba camino a Cancún.



Cuando llegamos al lugar no quedamos muy sorprendidos, creo que no era lo que imaginábamos. El agua era fresca y muy clara y los peces podían verse desde arriba del agua pero teníamos otra imagen mental acerca de los cenotes que no era lo que estábamos viendo. Pensábamos que era como una especie de agujero redondo en la tierra con agua turquesa y plantas muy verdes. Igualmente lo disfrutamos mucho y aprovechamos para refrescarnos.



Chichen Itza y Valladolid

Le dijimos a Paco que teníamos muchas ganas de conocer un poco más de la cultura y arte mexicana ya que en Cancún no se puede ver mucho de eso por lo nueva que es la ciudad. Paco nos recomendó una pequeña ciudad que queda como a media hora de las ruinas de Chichen Itza y para allá fuimos.

Lo primero que hicimos fue recorrer por 3 horas las ruinas y nunca hubiéramos imaginado que eran tan extensas! Las pirámides son grandísimas y pudimos ver los cenotes que están adentro del predio y la famosa cancha donde los incas jugaban a la pelota. Caminamos mucho bajo el sol y sin haber almorzado el cansancio se adueñó de nuestros cuerpos. Justo cuando ya habíamos recorrido las ruinas llegó una refrescante lluvia que nos empapó de cuerpo entero. Subimos al bus que nos llevaría a la ciudad de Valladolid totalmente mojados y muy cansados por la caminata bajo el desgastante sol.



Arribamos al hostel que habíamos visto por internet y quedamos fascinados con el lugar! Todo era muy al estilo mexicano con pinturas y dibujos de esqueletos vestidos, es que en México se le rinde culto a los muertos y a la muerte. Todo estaba pintado de colores y la habitación fue una de las mejores donde nos hemos hospedado.

Esa noche yendo desde el baño a la habitación nos encontramos con una cucaracha que es la más grande que hemos visto en toda nuestra vida. Medía aproximadamente unos 8 centímetros de largo por 5 de ancho! Algo increíble y nunca visto…

Al día siguiente recorrimos las calles de la ciudad y visitamos una iglesia y un museo justo al lado. Pudimos apreciar mucho acerca de la cultura mexicana y sobretodo del arte. Todo está lleno de color, esqueletos sonrientes y mariachis. Me encanta el arte mexicano, creo que es el tipo de arte que me gusta, desestructurada y muy colorida.






Cerca del mediodía alquilamos unas viejas bicicletas y fuimos a un cenote que quedaba a 20 minutos de la ciudad. La entrada al lugar era muy barata. Apenas llegamos bajamos unas escaleras que nos llevaban debajo de la tierra y descubrimos un paraíso subterráneo. Por encima había un hueco por donde se asomaba el sol, las nubes y el cielo. Las raíces de los árboles caían hasta las aguas profundas de casi 70 metros y de color turquesa pero claras al extremo, formando una especie de nuevos árboles rodeados de enredaderas verdes. Los peces negros con tonalidades en azul nadaban con nosotros en ese oasis divino. Estar en ese lugar era casi surrealista.





Después disfrutamos de la piscina y de un almuerzo suculento. Regresamos las bicis y partimos hacia Cancún.

Nuestra estadía en México estuvo rodeada de belleza y gente fantástica. Paco fue más que amable con nosotros al recibirnos y abrirnos su corazón y compartir con nosotros experiencias que nos ayudaron mucho en nuestro viaje. En su casa además de compartir con varios viajeros pudimos conocer a Zack con quien reímos a más no poder!


Ya llevamos casi 4 meses de viaje y mis miedos a que mi relación con el Tata se desgastara por estar tanto tiempo juntos han desaparecido por completo. Ahora más que nunca siento que somos los compañeros perfectos y que podemos ayudarnos a disfrutar el uno del otro sin ataduras que suelen tener la mayoría de las parejas. Siento que somos libres compartiendo nuestra vida juntos.

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domingo, 19 de agosto de 2012

Belice, brisa de muelle...

San Ignacio

Salimos de Flores en Guatemala como a las 5 de la mañana rumbo a Belice. Después de dos horas de viaje llegamos a la frontera de Guatemala para luego pasar a la beliceña.

Estando en migraciones de Belice nos enteramos que necesitábamos visa para poder entrar al país y para colmo salía carísima! Nuestras amigas israelitas, que viajaban con nosotros pero rumbo a México, no pagaron nada. A nosotros nos tocó esperar mas de una hora para que nos dieran la visa mientras el hermano de Neil nos esperaba afuera para llevarnos al tour de las cuevas ATM (Actun Tunichil Muknal).

Terminamos a tiempo el visado y pudimos ir directo hacia el tour. En la plaza de la ciudad de San Ignacio nos esperaba una camioneta con los guías y una compañera de excursión canadiense llamada Samantha. Apenas subimos al auto nos empezó a hablar de todo lo que teníamos que hacer en Belice y miles de recomendaciones que nos vinieron muy bien. También nos contó que era médica y que andaba por distintos lugares del mundo ejerciendo su profesión.

Aunque estábamos un poco cansados nos emocionaba conocer estas cuevas de las que tan bien nos habían hablado muchos viajeros. Empezamos por un camino por entre la selva. Éramos dos grupos chicos, el nuestro de 5 personas y el otro de 4. Nuestro guía iba adelante abriendo camino y el otro iba atrás de todo. Éste último nos preguntó de donde éramos y al enterarse de nuestra nacionalidad se puso muy contento, parece que le gustaba más tratar con latinos que con otras nacionalidades. Ahí nomás se puso a enseñarnos un poco acerca de las distintas plantas y árboles del lugar y sus diferentes usos medicinales.  Por suerte este guía hablaba bastante bien el español porque si bien Belice se ha independizado en cierto sentido de Inglaterra sigue rindiendo cuentas a este país, de hecho todos sus billetes llevan impreso la cara de la reina de Inglaterra, y esto genera que la mayoría de las personas hablen en ingles y que no todas sepan el español.

Llegamos a la entrada de la cueva y nos asombró el color celeste del río que emergía desde adentro. Nos pusimos nuestros cascos y nos sumergimos en el agua hasta el interior de la cueva. Una vez dentro comenzamos a recorrerla  nos asombramos al ver las diferentes formas de estalactitas y estalagmitas, unas mas grandes otras mas gordas o altas o con formas increíbles y algunas brillaban. Caminando por el agua el guía nos hizo apagar nuestras linternas y caminamos en el silencio y la oscuridad absoluta de la cueva. Luego nos hizo detener y comenzamos a escuchar una música hermosa. En ese momento pensé en donde había tenido guardada la guitarra que no la ví! Al prender nuestras linternas nos dimos cuenta de que el sonido provenía de las estalactitas que él estaba tocando. Nos adentramos más en la cueva y pudimos observar restos arqueológicos como instrumentos ceremoniales, vasijas y esqueletos mayas como sacrificios a los dioses. Lamentablemente no pudimos sacar fotos del momento porque hace ya dos meses que prohibieron sacar fotos después de que a un turista se le cayó su cámara arriba del cráneo de un esqueleto.






Emprendimos la vuelta por la cueva y el guía del otro grupo nos hizo señas al Tata, Samantha y a mí para que hiciéramos con él un camino un poco más arriesgado pero mas divertido. Nos metimos por lugares mas estrechos e incómodos y finalmente llegamos a la salida un poco antes que el resto del grupo.

Cuando estábamos regresando en la camioneta hacia San Ignacio le pedimos a nuestro guía que nos recomendara un hostel, así que nos llevó hasta la puerta de uno donde nos despedimos de Samantha y nuestros guías.

El dueño del hostel era un señor algo mayor que enseguida nos ofreció acompañarnos en su camioneta a buscar algo para cenar. Mientras comíamos charlamos bastante con él y un canadiense que estaba viviendo hacía ya unos 9 meses en el hostel y que había hecho una película en Belice acerca de leyenda de un duende muy famosa en el lugar.

Al día siguiente estábamos tan cansados de ir y venir para todos lados que nos quedamos todo el día en el hostel conversando con John, el dueño del hostel, de diferentes temas. El Tata le mostró fotos de Argentina y le contó varias cosas sobre nuestro país ya que parece que por esa zona no somos muy famosos.

Caye Caulker

Nos dio un poco de pena a la mañana siguiente despedirnos de John y su esposa pero las playas de la isla Caye Caulker nos esperaban. Después de un bus y un ferry tocamos tierra en la isla. Es bastante pequeña la isla y la mayoría de sus habitantes son de cultura rastafari. Todo es muy tranquilo y no hay grades hoteles ni tiendas para recorrer. No hay casi playa en las islas de Belice y uno prácticamente va caminando y se tira al mar que ya está profundo en la orilla. El color del agua es turquesa, verde y azul pero lamentablemente no se ven muchos peces porque en la zona hay muchas corrientes marinas. Descansamos bastante en la isla y nos la pasábamos comiendo en rotiserías y supermercados chinos que eran lo más barato de la isla. Todas las noches llevábamos nuestra cena a un muelle y la disfrutábamos junto a la brisa del mar, el golpeteo del agua en la costa. Una de esas noches nos encontramos en una de las rotiserías chinas con un alemán de unos de 20 años llamado Leo y lo invitamos a comer a nuestro súper lugar de lujo. Él era muy gracioso porque hablaba con las palabras y tonada mexicana ya que hacía casi un año que trabaja en México para una ONG.




Como en la isla no podíamos ver muchos peces haciendo snorkelling decidimos hacer una excursión en lancha para ir a otros lugares a ver más peces. Éramos 8 en la lancha, una familia estadounidense con dos hijos adolecentes, una pareja de la misma nacionalidad y nosotros dos. Enseguida todos en el barco se mostraron bastantes entusiasmados con nuestro viaje por el mundo y nos hicieron varias preguntas sobre eso.

En la primer parada bajamos del bote a hacer snorkelling y pudimos ver tortugas y diferentes peces de colores muy grandes y vistosos pero lo mejor nos esperaba en la segunda parada. Llegamos al segundo lugar y cuando el bote frenó un poco el motor unos 20 tiburones se acercaron curiosos. Mientras el guía les daba de comer pescado, nosotros bajamos por el otro lado al agua para nadar con ellos. La sensación de nadar tan cerca de estos bellos animales es indescriptible! El guía tomó entre sus brazos a un tiburón hembra y todos pudimos tocarla. En eso momento tuve ganas de llorar de la emoción y lamenté tener puesta la máscara. Su piel es increíble, una mezcla de fina, suave y áspera a la vez. Sin duda alguna fue una de las cosas que más he disfrutado en este viaje.




Era el momento de partir a México y nos tomamos el ferry que regresaba a la capital de Belice. Durante la media hora que duró el viaje no paramos de reírnos de una señora que parecía estar borracha y se dormía una y otra vez sobre mi hombro por más que trataba de moverlo para que se despertara. 

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sábado, 11 de agosto de 2012

Guatemala, tiempo al tiempo…

Antigua

El bus hasta Guatemala fue bastante cómodo y hasta nos sirvieron comida. Una vez que llegamos al país bajamos del colectivo y tomamos un taxi directo hacia la ciudad de Antigua. Eran como las 12 de la noche cuando entramos a nuestra habitación en el hostel y nos quedamos profundamente dormidos después de otro agotador día de viaje.

Por la mañana siguiente tomamos temprano el abundante y riquísimo desayuno que incluía el hostel  y salimos a recorrer la ciudad. Como casi todas las ciudades importantes de Latinoamérica es colonial, con todas sus calles de piedra. Todo parece muy ordenado y limpio y todos los edificios del lugar están pintados de diferentes colores.






Después de dar una larga caminata por la zona nos tocaba decidir que íbamos a hacer en Guatemala el resto de los días. Creo que ha llegado un punto del viaje en que estamos un poco cansados de investigar que hacer en cada país, buscar en internet, recorrer buscando buenos precios en distintas agencias para hacer un tour, tomar miles de colectivos para recorrer unos cuantos Km. El problema con esto es que cuando uno se cansa empieza a gastar mas plata porque simplemente no puede planear bien que hacer y aunque parezca increíble uno se cansa de hacer este tipo de cosas. Finalmente acordamos salir al otro día con un tour hacia Semuc Champey a recorrer una cueva y ver piletones naturales. 

Ya relajados por haber tomado la decisión tomada fuimos a ver el atardecer en un bar que tiene una terraza que da a los volcanes del lugar. La caída del sol fue increíble, nos dio un poco de energía y aire fresco para despejarnos del cansancio. Fuimos a buscar un lugar para cenar, entramos en un restaurante de panqueques y cuando uno de los dueños se dio cuenta que éramos de argentina empezó a llamarnos “boludos” diciéndonos que tenía Fernet para que tomemos. Al principio no le creímos pero resultó cierto. Mientras disfrutamos del trago cerrando los ojos para saborear los recuerdos que nos traía brindamos por la hermosa noticia que el Tata había recibido unas horas antes.: su gran amigo Martín iba a ser papá! El Tata estuvo todo el día emocionado por la buena nueva.




Semuc Champey

Como a las 14.30 hs pasaron a buscarnos en un bus para ir a Semuc Champey. El colectivo era muy chiquito, con asientos incómodos y todos íbamos apretados. Llegamos como a las 22.00 hs al lodge donde nos quedaríamos y sin cenar nada nos fuimos a dormir.

Éramos unas 20 personas las que íbamos a la excursión y a las 9.00 hs nos subieron a una camioneta donde casi todos iban parados en la parte de atrás en la caja. Por suerte yo me pude subir en los asientos traseros con dos chicas israelitas.

La cueva en donde empezamos el tour era bastante grande y con velas tuvimos que nadar por el agua color chocolate. Nadar con una sola mano era bastante complicado ya que en la otra teníamos una vela y varias veces se nos apagó.  Después de subir, bajar, nadar y trepar y de varias raspaduras en las piernas y manos llegamos a la salida. Almorzamos algo en el lugar y emprendimos la caminata hacia un mirador. Subimos mucho y al final nos topamos con la vista más soñada del mundo. Mirando hacia abajo vimos unos hermosos piletones naturales de color turquesa profundo. Pero lo mejor vendría pronto. Unos minutos después de comenzar el descenso unos monos aulladores nos gritaban desde los árboles y terminada la bajada nos pudimos zambullir en las exquisitas aguas frescas que habíamos visto desde arriba. La experiencia fue casi irreal. Estábamos en el paraíso terrenal. En este tour no sólo pudimos conversar mucho con las israelitas si no que también con un simpático italiano que aprendió muy bien el español en su viaje y con una española charlatana y graciosa que hicieron aún mejor la experiencia.





Flores y Tikal

Era la mañana del otro día y salimos hacia Flores en otro bus aún más incómodo y apretado.  Al llegar nos esperaba Neil, el dueño del hostel donde nos hospedaríamos, y junto con su esposa y su pequeño hijo, más las israelitas, Shir y Keren,  nos subimos a un bote para llegar a una islita. El hostel era hermoso. La vista desde las mesas donde servían la comida era hacia el lago y las cabañas estaban muy limpias y cuidadas. También teníamos una piscina para nadar y un perro chiguagua llamado Coco que no solté de mis brazos.


A las 4.30 hs del otro día nos montamos a otro bus que resultó todavía más incómodo que el resto para hacer una hora y media hasta las ruinas mayas de Tikal. Por suerte erámos pocos en el grupo de habla hispana y el guía que nos tocó fue más que amable con nosotros. En el lugar no sólo se pueden observar los distintos tipos de edificios en forma piramidal si no también distintos animales como monos, tucanes y coatíes. Es hermoso ver la mezcla entre algunas partes de las ruinas restauradas y otras cubiertas por la abundante vegetación.  Al final del tour subimos unas largas escaleras hasta llegar a la cima de un templo donde se ve una panorámica de todo el parque con sus altos árboles donde de vez en cuando sobresalen otros templos. Ver tanta belleza junta es realmente imponente.






Nos despedimos de unos españoles que fueron en el mismo grupo que nosotros y quedamos en encontrarnos más tarde con Simone, el italiano, y Nuria, la española.

Muertos de calor y cansancio nos dimos un chapuzón en la piscina y después nos juntamos con Neil quien nos iba a recomendar lugares para visitar en Belice, nuestro próximo destino. Como él es beliceño conoce muchos lugares buenos para visitar y además su hermano tiene una agencia autorizada para hacer uno de los mas atractivos tours del mundo, las cuevas ATM.

Como a las 17.00 hs tomamos un bote para encontrarnos en la ciudad con Nuria y Simone. Quedamos en encontrarnos en el hotel donde paraban y cuando estábamos llegando a destino sentimos una voz que nos decía: “Boludos!!!...” Era Nuria a quien le había encantado nuestra tonada y forma de hablar argentina. Tomamos unas cervezas y compartimos una cena para luego despedirnos de los dos. Durante el viaje hemos conocido mucha gente. Con algunos hemos compartido mucho tiempo y con otros menos pero hay ciertas personas con las que cuesta despedirse y estas dos eran una de ellas.

Hoy una amiga que más que amiga es como una hermana, Silvina, me preguntó mientras charlábamos por internet si el tiempo se nos pasaba rápido y eso me dejó pensando. Es que el tiempo se nos pasa rápido y también lento. Es que no sabría como explicarlo. Hemos hecho y conocido tanto, paisajes, personas, lugares y anécdotas que el tiempo pareciera pasar rápido pero resulta tan increíble haber hecho tanto en tan solo 3 meses que también pareciera que pasara lento. Estamos aprendiendo de a poco a disfrutar del momento sin pensar en lo que pasó y lo que viene aunque resulta difícil al tratar de integrarlo dentro de la planificación del viaje y que debemos pensar siempre de ante mano que vamos a hacer en nuestro próximo destino para no gastar dinero de más. Supongo que dejándonos llevar vamos a poder integrar las dos cosas sin problema. 

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lunes, 6 de agosto de 2012

Honduras, nos quedemos un día más!

Después de un largo viaje en colectivo llegamos a la ciudad de San Pedro Sula como a las 19.00 hs. Como siempre apenas bajamos del colectivo los taxistas nos estresaron con su: “Taxi, taxi, taxi… A donde van?... Yo los puedo llevar!... Les hago un buen precio!...” Como nos habían dicho que en las ciudades de Honduras estaba bastante peligroso para los turistas, junto con una pareja inglesa, decidimos tomarnos un taxi hasta el hotel y que obviamente nos cobró caro. Al llegar a la puerta del hotel el conductor nos dijo que si queríamos nos podía llevar al otro día hasta la terminal y nos dejó su número de teléfono para que lo llamemos.

La habitación del hotel estaba bastante bien y lo mejor era que en la terraza había una pileta donde nadamos un rato antes de ir a cenar con la pareja que habíamos conocido en el bus.

Le preguntamos al encargado del hotel si era seguro tomarse un colectivo hasta la terminal ya que al día siguiente salía un bus a las 5.00 hs hacia La Ceiba donde tomaríamos un ferry para llegar hasta la isla de Roatán. Él nos contestó que no había problema en tomarnos el colectivo y que además nos saldría mucho mas barato que ir en taxi. Igualmente se mostró demasiado preocupado por que el taxista que nos llevó hasta el hotel no se diera cuenta que él nos había aconsejado ir en bus. Nos pidió por favor que tratáramos de salir cerca de las 3.45 hs porque seguramente el conductor estaría esperándonos en la puerta del lugar cerca de las 4.00 hs  para llevarnos aunque nosotros no lo hubiéramos llamado.

Cerca de las 3.55 hs estábamos en la parada de colectivos esperando para irnos. Ya se estaban haciendo casi las 4.30 hs y el bus no aparecía. Entonces volvimos caminando a la puerta del hotel para llamar a un taxi. Al llegar a la puerta nos subimos a un taxi que estaba estacionado en el lugar y nos cobró menos de la mitad de lo que nos habían cobrado la noche anterior para llevarnos hasta la terminal de buses.

Llegamos en horario para tomarnos el ferry en La Ceiba y nos despedimos de los ingleses que se iban hacia otra isla llamada Utila.

El ferry era súper grande y cómodo, con aire acondicionado y TV, asi que creo que valió la pena haber pagado tanto por él.

Al bajar en Roatán fuimos a tomarnos un colectivo hasta el hostel porque los taxis nos cobraban carísimo! Preguntamos a unas personas de la terminal de ferry donde se tomaban los buses que iban hasta West End, donde se encontraba el hostel, y nos dijeron que no habían buses que llegaran hasta ahí. Como nos pareció mentira lo que nos dijeron seguimos caminando hasta la salida del lugar y le preguntamos a un señor que parecía estar esperando al colectivo. Él nos dijo que allí se tomaba el bus que nos llevaría a un punto donde tendríamos que tomar otro. Esperamos una media hora y el bus no aparecía. César, el señor de la parada de colectivos, llamó a un amigo para que lo fuera a buscar y nos ofreció llevarnos hasta la otra parada de buses.

Nos subimos al auto del amigo de César y conversamos un poco camino al lugar donde nos dirigíamos. Resulta que César era entrenador de fútbol en una canchita para niños del lugar. Él iba todos los martes de cada semana hasta el sábado cuando se volvía a La Ceiba. Al llegar a la parada de buses nos dio su celular por si necesitábamos algo. Nos despedimos agradecidos y nos quedamos esperando el siguiente colectivo.

Bajamos a una cuadra de la playa y a medida que nos acercábamos al mar no podíamos creer el color del agua! Estábamos muertos de calor y no veíamos la hora de poder sumergirnos en esas aguas cristalinas! El hostel donde nos hospedaríamos estaba a la orilla del mar y allí también estaban alojados una pareja de australianos que habíamos conocido cuando estuvimos en Bocas del Toro. El problema fue que en el hostel no había más habitaciones asi que tuvimos que irnos a otro hostel a una cuadra de ahí. Por suerte donde finalmente nos hospedamos era un lugar que tenía varios servicios que generalmente no se encuentran en los hostels como toallas limpias todos los días, la cama tendida, el baño aseado todos los días, ducha con agua caliente, aire acondicionado, desayuno incluido y agua fría para beber a disposición.


Ese día almorzamos en un restaurante de un simpático italiano llamado Andrea quien nos recomendó lugares y cosas para hacer. Al terminar el almuerzo nos subimos en un water taxi que nos llevó a West Bay que quedaba a 10 minutos. No se si pueda explicar con palabras la hermosura del lugar. El mar parecía una pileta por su tranquilidad y claridad, aunque creo que era muchísimo más clara que cualquier pileta. Era una maravilla bañarse en el lugar y sentarse sobre la arena absolutamente blanca y suave, casi como harina. Pasamos varias horas haciendo snorkelling cerca del arrecife donde se podía ver toda clase de peces de colores brillantes, turquesas y amarillos, verdes y azules, naranjas y rosados, negros y fuxias. También vimos calamares y cuando el arrecife se acababa se podía observar un precipicio turquesa con arena blanca de fondo.




Esa tarde nos encontramos con Annie y Ryan, la pareja australiana, y quedamos en encontrarnos para cenar. La verdad es que pasamos bastante tiempo con ellos durante las noches ya que por el día ellos no podían porque estaban haciendo un curso de buceo. Aproveché para escuchar y hablar, aunque sea poquito, el inglés y acostumbrarme a la tonada australiana.

Las noches a la orilla del mar eran exquisitas! Mucha tranquilidad observando las estrellas abrazados por una brisa cálida del lugar.

Un día alquilamos una motito y salimos a recorrer la isla. Primero fuimos a una granja donde habían más de 4000 iguanas de diferentes tamaños y colores, a las que podías acariciar y alimentar casi como a un perro. También estuvimos con una mona llamada Coco que me agarraba fuerte mis manos desde una jaula como pidiendo que no me fuera. Eso fue lo único que no me gustó del lugar. Es que odio ver a animales encerrados. En la bahía del lugar había varios peces que ya habíamos visto haciendo snorkelling. Desde ahí llegamos hasta Punta Gorda donde vive una comunidad rasta y almorzamos en el muelle de un restaurante casi en el medio del celeste mar. Seguimos recorriendo el increíble camino, rodeado de vegetación y vistas deliciosas al océano hasta llegar a Camp Bay. Esta playa estaba casi desolada. Sólo había un hotel con unas cuantas personas por donde se bajaba hacia la playa. Decidimos caminar un poco y llegamos a una playa donde no había nadie, solamente nosotros dos. En ese momento pensamos que era la oportunidad de saber que se siente nadar desnudos en las cálidas aguas de este mar caribeño… y si, se siente increíble!







Esa noche estábamos agotados de tantas horas de andar en esa motito, asi que fuimos a dormir temprano.

A la mañana partimos otra vez para la playa de West Bay ya que era nuestro último día en la isla y que mejor que disfrutarlo en ese increíble mar viendo toda clase de peces a nuestro alrededor. Realmente no nos queríamos ir del lugar pero debíamos seguir viaje hacia Guatemala ya que no nos quedaban demasiados día para recorrer antes de que nuestro vuelo a Europa saliera el 14 de septiembre. Esa noche cenamos en el restaurante de Andrea para despedirnos de él.

Al otro día temprano nos tomamos un taxi que nos llevaría al ferry y que además nos cobró una fortuna. Pero no teníamos opción porque los buses a esa hora no circulan. Discutía bastante con el taxista por el precio que nos cobraba porque me parecía un disparate. Al llegar arriba del ferri nos encontramos con nuestro amigo César que nos acompañó en taxi, después de bajar del ferry, hasta la terminal de buses para ir hacia Guatemala. 

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